Leyendas de Ecuador

17 Aug 2017

Cada país tiene su arraigo, costumbres y tradiciones que lo caracteriza y lo convierte en autóctono; Ecuador no se escapa de ellos, con su exquisita gastronomía, sus exuberantes paisajes y su gente amistosa hace de esta nación, una joya en América del Sur.

 

Pero no todo es cuento de hadas, también es poseedora de un sinfín de cuentos y leyendas que hasta al más valiente hará que se le erice la piel y pierda la cabeza de pensar en los mitos que guarda la mitad del mundo.

 

 

El Padre Almeida

 

Esta historia cuenta como un padre el cual no era precisamente el mejor, debido a su mala conducta, cambió totalmente su vida.

 

La leyenda cuenta que este padre, todas las noches salía a tomar aguardiente en el bar de la cuadra, para salir tenía que subir apoyándose en un brazo de la estatua de Cristo. Pero una noche todo cambió, mientras intentaba salir de la iglesia, se dio cuenta que la estatua lo regreso a ver y le dijo

 

— ¿Hasta cuándo padre Almeida?

 

Y éste le contesto —Hasta la vuelta — y se marchó.

 

Ya emborrachado, el Padre Almeida salió de la cantina y se encontraba paseando en las calles de Quito, hasta que pasaron 6 hombres altos completamente vestidos de negro con un ataúd; el padre Almeida pensó que era un toro con el cual chocó y se desplomo en el piso, pero al levantarse regresó a ver en el interior del ataúd, sobre los hombros de estos hombres estaba el último descanso del cuerpo del Padre Almeida. Horrorizado, pegó un alarido por el miedo que le produjo tan escalofriante escena, provocando que huyera del lugar.

 

Al regresar a la iglesia, se puso a pensar que era una señal divina, y que si seguía así podía morir intoxicado por el alcohol.

 

Desde ese entonces, jamás volvió a ingerir una gota de alcohol, y la estatua de Cristo se le nota más reluciente y feliz desde ese espantoso día.

 

 

La Dama Tapada

 

Hace más de doscientos años en las calles apartadas de Guayaquil, los trasnochadores veían la Dama Tapada.

 

— Anoche vi a la Dama Tapada — contaban en una reunión de amigos. —Son puros cuentos — respondía el amigo con aires de valentón. —Yo nunca he tropezado con ella, nunca se la ve antes de las 12 de la noche, ni después de las campanadas del alba — opinaba otro asistente a la reunión.

 

Según la leyenda, la Tapada era una dama de cuerpo esbelto y andar agraciado, que asombraba en los senderos más atrofiados de la ciudad. Ella se hacía seguir por los hombres más borrachos y mujeriegos.

 

Nunca se supo de dónde salía, cubierta la cabeza con un velo, sorpresivamente la veían caminando a dos pasos de algún transeúnte que regresaba a la casa después de divertirse. Sus almidonadas enaguas y sus amplias polleras sonaban al andar y un exquisito perfume dejaba a su paso.

 

Debía ser muy linda. Tentación daba alcanzarla y decirle una galantería. Pero la dama caminaba y caminaba. Como hipnotizado, el perseguidor iba tras ella sin lograr alcanzarla.

 

Hasta que de repente se detenía y, alzándose el velo se enfrentaba con el que la seguía diciéndole —Míreme como soy... Si ahora quiere seguirme, sígame... —

 

Una calavera asomaba por el rostro y un olor a cementerio reemplazaba el delicioso perfume de aquella mujer que parecía hermosa. Paralizado de terror, loco o muerto quedaba el hombre que la había perseguido.

 

Si conservaba la facultad de hablar, podía contar luego que había visto a la Dama Tapada.

 

 

La Casa 1028

 

Había una vez una hermosa joven llamada Bella Aurora, que era hija de la familia Moncada, padres ricos y poderosos de Quito, esta chica tenía oscuros secretos, pues tenía una rara y enfermiza fantasía con el mismo demonio.

 

En aquel tiempo la Plaza de la Independencia no tenía el monumento a la Libertad, sino una pila al centro donde se realizaban grandes corridas de toros.

 

La familia Moncada, un fatídico domingo fue a la Plaza a observar la fiesta taurina que hacía gala de una de las mejores épocas de la ciudad, luego de ver a varios toros, salió un toro negro de grandes dimensiones, con ojos tan negros como la penumbra, cachos tan largos que apenas se vislumbraban y que exhalaba humo de sus fauces.

 

Luego de mirar a su alrededor, el toro se acercó lentamente hacia Bella Aurora, quien se desmayó del susto al ver a semejante criatura. Sus padres asustados por la reacción de Bella Aurora se la llevaron a su hogar para curarla del espanto.

 

Dicen que el toro negro se desesperaba en la plaza, ya que se había enamorado de la joven Moncada, angustiado, buscaba a Bella por toda la talanquera de la plaza. Al no encontrarla saltó la barrera y recorriendo todas las calles de Quito encontró la casa 1.028.

 

Con toda la fuerza que caracteriza a estos animales, rompió la puerta de la entrada, subió al corredor, olfateó por todas partes hasta que entró al dormitorio de Bella Aurora.

 

Al ver al toro, ella quiso huir, pero no tuvo fuerzas suficientes.

 

Solo alcanzó a dar un grito fuerte, mientras el toro la embestía con su cacho.

 

Un último suspiro de Bella Aurora llenó a la casa 1028 de terror.

 

Muchos dicen que fue el mismo Satanás que en forma de toro se llevó con él a Bella hasta sus dominios, para que su amor se consumiera por la eternidad.

 

¿Y los padres de Bella Aurora?

 

Lloraron bastante por la muerte de su querida, hermosa y única hija.

 

 

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